La razón por la que tu perro sigue fallando no tiene nada que ver con el adiestramiento.
Un perro no elige dónde hacerlo mirando el suelo. Lo elige oliendo.
Según el American Kennel Club, los perros tienen hasta 100 millones de receptores olfativos o más, según la raza, y algunas, como el sabueso, llegan a 300 millones. Las personas tenemos entre 5 y 6 millones. Esa diferencia no es pequeña. Es toda la razón de que esto siga pasando.
Antes de agacharse, su nariz ya ha decidido. Fuera de casa es fácil: el pie de un árbol, un poste, la esquina de siempre… todo tiene una señal de olor que dice «aquí es». Un empapador desechable no tiene nada de eso. Huele a plástico. Y punto.
Y cuando ya tiene pipí, pasa lo contrario: el olor le dice «aquí no». Por eso tantos perros limpios aciertan la primera vez y después lo hacen al lado.
Así que la nariz sigue buscando. Se queda con lo primero que cambia, que casi siempre es el borde o el suelo de justo al lado. Ahí lo hace. Cada vez.
No es un problema de adiestramiento. Es un problema de olor. Y ningún desechable se ha fabricado para resolverlo.